jueves, febrero 14, 2013

Capitulo III : El alcohólico

Recuerdo las hojas de colores caer de los arboles, era otoño y Gabriela iba a viajar a México durante un mes. Un día antes  de su partida la fui a ver (esta fue la ultima vez que la vi). Aún recuerdo sus ultimas palabras: "... eres un alcohólico...". Tal vez esa fue su razón para desaparecer o solo una excusa, eso nunca lo sabré.

Y en cierto modo, ella no estaba del todo equivocada, yo era, "un poco", alcohólico. Bebía casi cinco días por semana y siempre despertaba en las escaleras de emergencia de algún edificio, en algún parque debajo de un árbol, en el sofá de alguien desconocido, en el asiento trasero de un taxi y otras veces, cuando era mi día de suerte, en mi cama. Pero, ¿cuando comenzó mi alcoholismo?, sinceramente no tengo la mas mínima idea. Sé que la primera vez que tome alcohol fue en Acapulco, con mi hermano, yo tenia catorce o quince años y bebí casi doce cervezas sobre la terraza del hotel, mientras mirábamos el mar. Recuerdo el dolor de cabeza que me mató a la mañana siguiente y me dije a mi mismo que nunca tomaría otra vez, clásico de la primera vez.

Pasaron meses antes de que probara de nuevo el alcohol. Pero cuando comencé la preparatoria, volví a hacerlo. La mayor parte del tiempo era cuando iba a fiestas, cuando me escapaba de clases o antes de hacer un examen para según yo, tener suerte. Pero, después de que llegue a Canadá, comencé a tomar casi todos los días, con amigos o solo, en la mañana, tarde o noche, en mi casa, la calle o la escuela. Siento que no fue algo malo, al contrario, pienso que era la edad y tenia que vivir la vida. Sin embargo como todo vicio, este tiene sus consecuencias: peleas, !oh dios!, me peleé mas veces de las que pudiera recordar, mujeres, segundo gran problema cuando estas borracho y por si fuera peor, !peleas con mujeres! (pero obvio, nunca golpearía una mujer). A pesar de todo esto, tengo que admitir que borracho o no, pensaba seguido en ella. El amor que sentía por ella brotaba dentro de mi como una semilla que enredaba con sus raíces lo mas profundo de mi corazón, y yo, aunque me daba cuenta, no hacia nada.

Hoy en día, tengo veintidós años, y sigo tomando. Obvio, no como antes pero si de vez en cuando. Sigo prefiriendo un buen vaso de ron con hielos, coca cola y limón en vez de cerveza. Y creo que aveces, es bueno dejar salir al alcohólico que llevo dentro. Pues así como todo alcohólico bebe por una razón, ¿yo?, bebo por amor. 

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